Hola
a tod@s!
Llevaba
todo el camino de regreso a casa pensando en si escribir o no y sobre
qué hacerlo pero no se me ocurría nada, todo era muy latoso de
plasmar, y sinceramente no tenía ganas de vomitar en exceso una
verborrea infructuosa. El día está nublado, de regreso a casa tengo
que pasar por un parque bastante denso donde la naturaleza invita a
lo romántico cuando, pese a la llovizna, he visto a un par de
adolescentes en actitud más que almibarada (excesivamente
románticos) y en mi mente han aparecido todo un mercadillo de ideas
inconexas sobre las relaciones y los significados que les atribuimos.
Con
la esperanza de no resultar aburrida sino aleccionadora expongo mi
hipótesis (que no teoría) sobre lo que creo que a día de hoy es la
visión más acertada que he escuchado he interpretado de este
fenómeno fisicoquímico que algunos llaman estado
biológico alterado
y otros más románticos llaman amor.
He de
agradecer esta visión a un amigo bastante peculiar (y a mis ex, ¿por
qué no reconocerlo?) pues sin sus recomendaciones jamás habría
podido vislumbrar que el amor verdadero no es el de intentar imponer
mi pensamiento a los demás, ni el de crear una serie de rutina de
una de cal y otra de arena para mantener la expectativa de una
relación que sin el juego de castigo recompensa (aquí está la
psicóloga que llevo dentro de nuevo) jamás funcionaria.
Que
tú debes mejorar a tu pareja y ella a ti sin dejar de ser la esencia
de vosotros mismos pues no es cierto que ¿en el momento en que ambos
perdamos la esencia no dejamos de ser la persona de la que el otro se
enamoró?.
Siempre
he pensado que la sinceridad era la base de toda relación de
confianza pero siempre y cuando esta se aplique al otro y a uno
mismo. No sirve de nada querer contárselo todo a nuestra pareja si no
somos capaces de contárnoslo a nosotros mismos. Debe y debemos
despertar el deseo de mejora que no el de ser el mejor.
Tenemos
que entender, y es duro hacerlo, que el amor ciego que creemos como
el verdadero es insostenible con la vida humana, el cuerpo moriría
sometido a un sin fin de avalanchas hormonales y de sofocos, que las
mariposas en nuestro estómago serían incapaces de mantener ese
estado y debemos tener cuidado pues si las forzamos en exceso se
pueden volver polillas.
Miro
hacia atrás y recuerdo como cosas que me molestaban de mis parejas
en realidad son lo que las hacían peculiares y las que hacen que los
recuerde. Si nos empeñamos en convertir a nuestra pareja en nuestra
expectativa terminaremos por destronarla al comprobar que no las
cumple pero, no será culpa de ell@s sino
nuestra por habernos engañado a nosotros mismos cuando queríamos
convencernos de que alguien que no era nuestro ideal lo era.

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